jueves, 6 de diciembre de 2012

Amistades en ceniceros


En Madrid los días libres de la semana se presentan como absurdos espacios de tiempo, en ocasiones imposibles de cuadrar con compañía. La mayoría de las personas están demasiado absorbidas por sus trabajos, sus estudios, su aburrida y miserable vida en pareja.  Absorbidas por demasiadas responsabilidades, excepto la responsabilidad de cuidar a otros.  Tantas amistades que van al cubo de la basura con la facilidad de cualquier envase desechable.  Tanto tiempo perdido en planear fines de semana, en insistir con llamadas y correos electrónicos para esperar largas o directamente ninguna respuesta.

Tu tiempo libre termina siendo en la mayoría de las ocasiones tiempo libre disfrutado en solitario. Paseos interminables por zonas céntricas, visitas a museos y a exposiciones temporales. A veces llegas a detestar tu tiempo de ocio, porque te muestra sin conjeturas la prácticamente ausencia de vínculos verdaderos. Otras veces le sonríes, porque te das cuenta de que aunque te sobran dedos de una mano para contar aquellos buenos y fieles corazones que resisten a la infame vida urbana y al egoísmo, por lo menos puedes contarlos.   
     
A veces piensas que quizás pecas de poco inflexible, pero lo que verdaderamente detestas es la hipocresía, algo que no va muy bien contigo, por eso te dejas de medias tintas y vas al grano. Después vienen las ofensas de aquel que se siente interpelado y con ello las excusas de baratillo. Ya soy perra vieja en cuestiones de pura y simple confianza, demasiadas heridas innecesarias. Y no se trata de rellenar tiempo en apariencia vacío, sino de compartir el tiempo y la vida con aquellas personas a las que estimas. 


1 comentario:

Carmonación dijo...

Amor honesto el que siente un gato por su comida, amistad sincera la que entrega la taza del váter a nuestras deposiciones, compañía grata un chaquetón de 4 capas en invierno.

Lo demás está bien, pero sólo son urgencias interesadas que se esfuman con mayor o menor celeridad.

Un gato, un váter y una chupa guapa. Las amistades más satisfactorias, los vínculos mejor urdidos.

Y la cerveza, claro.